El Proyecto Butiá se ha ganado un lugar en gran parte de los centros educativos del país, partiendo desde una premisa simple pero sobre todo innovadora: construir robots de bajo presupuesto, aprovechando las computadoras facilitadas por el Plan Ceibal como parte del prototipo, para así promover el estudio de la robótica entre los jóvenes.

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LA REPÚBLICA habló con Andrés Aguirre, Federico Andrade y Bruno Michetti, docentes de la Facultad de Ingeniería y propulsores del Proyecto, para interiorizarnos aún más sobre el alcance del mismo.

El impulso de la robótica

Estos jóvenes docentes comenzaron a idear el Proyecto Butiá en 2007, con el objetivo de poder mostrar a los alumnos de escuelas y liceos una opción de estudio que hasta entonces no tenía demasiada promoción en las aulas: la robótica.

Teniendo en cuenta la cercanía y la presencia constante de la tecnología en nuestra vida cotidiana, la idea es mostrarla más allá su carácter de producto, “como algo que se puede estudiar, trabajar, entender cómo funciona”, señala Aguirre.

Si bien el proyecto comienza a gestarse en 2007, la financiación para llevarlo a cabo fue conseguida recién en 2009, por intermedio de la ANII, y a partir de entonces este grupo de docentes, acompañados de otros colaboradores, comenzaron a trabajar en el primer prototipo “Butiá”.

Una vez creado el prototipo inicial, se realizó una pequeña producción en masa de 30 robots, que fueron repartidos en aproximadamente 30 liceos, en su mayoría del interior del país. Asimismo, los docentes de la Facultad de Ingeniería se encargaron de brindar un curso de capacitación a un docente por cada uno de esos liceos, además de a algunos estudiantes, para que posteriormente estos fueran capaces no solo de utilizarlos, sino también de elaborar nuevas réplicas del robot.

El siguiente paso para lograr que el Proyecto Butiá maximizase su alcance, fue salir a recorrer los liceos del país con 4 o 5 robots, realizar talleres con los alumnos, y mostrarles la infinidad de usos que se le puede dar al robot Butiá.

Un robot “al alcance de la mano”

Andrade recalca que uno de los objetivos que se persiguió siempre con este proyecto, es que el robot sea “fácil de hacer”, que pueda ser construido con materiales que se pueden conseguir en casas de electricidad o ferreterías, además de la “ceibalita”, uno de los componentes principales, que tiene la particularidad de estar al alcance de todos los estudiantes de primaria y secundaria del Uruguay.

De esta forma, al mostrarles el robot a los estudiantes, estos podían evidenciar que la posibilidad de elaborar un robot propio estaba, como se dice habitualmente, “al alcance de la mano”.

A su vez, el proyecto cuenta con una web (www.fing.edu.uy/inco/proyectos/butia) en donde se puede acceder a experiencias y novedades sobre el mismo, y en la que además se incluye el link hacia una “Wiki”, que contiene tutoriales sobre cómo hacer un robot Butiá desde el inicio.

Investigación, enseñanza, y sobre todo extensión

Sus realizadores destacan el hecho de que el Proyecto Butiá, al igual que la mayoría de los emprendimientos de índole educativo, trabaja en base a tres tópicos fundamentales: la investigación, la enseñanza y la extensión.

Sin embargo, señalan que para ellos la extensión juega un papel “fundamental”, ya que en el marco del constante intercambio que realizan con docentes y alumnos de primaria y secundaria, el aprendizaje es recíproco.

“A esto lo queremos usar como una herramienta de didáctica, y los que son expertos en didáctica son los docentes”, afirma Aguirre. Asimismo, “los que nos plantean los problemas, las dificultades que tiene el uso de los robots, son los estudiantes”, agrega, por lo que ese ida y vuelta no deja de ser constructivo.

El concepto se mantiene

Desde el año 2009 hasta hoy, el robot Butiá ha tenido varias versiones, aunque siempre manteniendo un enfoque: utilizar la XO distribuida por el Plan Ceibal como parte del robot, haciendo uso de sus sensores y aumentando las capacidades sensoriales del robot, con hardware diseñado especialmente para el proyecto.

“Aprovechamos muchísimo toda la inversión que ha hecho Ceibal en tecnología, y tratamos de contribuir en ella. Eso es lo interesante que tiene Butiá, es un proyecto abierto, donde el grupo de trabajo está sensibilizado con los problemas que tiene el Uruguay y trata de resolverlos, lo que hace que el proyecto vaya cambiando en función de lo que vaya pasando en el país”, explica Aguirre.

Siguiendo esta línea, el docente afirma que “Uruguay debe ser el país que tiene más robots por habitante”, teniendo en cuenta que las “ceibalitas” han sido distribuidas en todos los liceos y escuelas del país, por lo que el objetivo pasa por el hecho de que sean correctamente aprovechadas.

El alcance del proyecto

Este grupo de docentes, inevitablemente orgullosos del alcance de su trabajo, cuenta una serie de historias ocurridas en distintos países de la región, que tienen al robot Butiá como protagonista.

Dan el ejemplo de un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional de Asunción (Paraguay), que encontraron el proyecto en Internet, vieron una serie de tutoriales y elaboraron sus propios robots. Asimismo, otro grupo de jóvenes en Bolivia tomó como base una XO que dejó de funcionar, uniendo su parte inferior a dos botellas de refresco, que cumplieron la función de las ruedas, para crear un robot Butiá a su manera. Historias como estas también surgieron en Brasil y Argentina, y por si fuera poco el proyecto fue presentado en conferencias de robótica en San Francisco y próximamente estará representando a Uruguay en la Expo Milán 2015.

Dicha exposición será llevada a cabo entre mayo y octubre del corriente año, y contará por primera vez con un pabellón destinado exclusivamente al Uruguay. Dentro del stand de nuestro país se exhibirá un cortometraje que cuenta su historia, los principales aspectos de su cultura, y hace referencia a la enseñanza. Es en este marco que entra el Proyecto Butiá, como una forma de fomentar el estudio en tecnología y robótica desde la educación primaria.

El Butiá 3.0

Próximamente será presentada la versión 3.0 del robot, que implica una diferenciación respecto a los modelos anteriores. En este caso, se deja de lado el uso de las XO, para explorar con el uso de tablets y celulares, teniendo en cuenta que actualmente el Plan Ceibal comenzó a entregar tablets a algunos estudiantes, lo que significa una nueva adaptación a la realidad de nuestro país en materia educativa.

“Con las tablets aprovechamos la posibilidad de hacer un robot que sea más pequeño, y que se pueda trabajar más la construcción del mismo”, explica Andrade. “La idea es que los estudiantes aprendan a usar la herramienta, y de ahí la utilicen en base a sus necesidades o lo que quieran inventar”, añade.

Las ventajas de la construcción propia

Los docentes remarcan una diferenciación entre el Butiá y un robot comercial, que pasa por el hecho de “ponerte del otro lado del mostrador, del lado del desarrollador”. “Los estudiantes tienen el control de su propio aprendizaje, y eso te vuelve más eficiente como estudiante. No es lo mismo aprender por repetición, que entender cómo funciona, hacerlo, inventarlo, probarlo, así se aprende muchísimo más”, afirma Aguirre.

Campeonato Uruguayo de Sumo de Robots

Para impulsar la creación y los diferentes usos que se les puede dar a estos robots, los docentes de la Facultad de Ingeniería organizan anualmente una competencia denominada “SUMO”, en la que se presentan diferentes desafíos a resolver utilizando al robot Butiá como herramienta.

En este 2015 el campeonato será realizado entre el 14 y el 18 de setiembre, y los problemas a desarrollar ya fueron presentados para que aquellos jóvenes interesados comiencen a buscar sus soluciones.

Para más información al respecto, puede ingresar al sitio sumo.uy.

 

FUENTE:

http://www.republica.com.uy/uruguay-robots/507986/#prettyPhoto


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